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lunes, 23 de septiembre de 2013

Tecnobiografía

Tecnobiografía

Cuando me remito a mi infancia y pienso en la palabra tecnología, lo primero que se me viene a la mente es el microondas. Es este aparato el que marcó mi infancia glotona de una manera inexplicable. Ahora bien, realmente el aparato tecnológico que siempre estuvo, está y estará por siempre junto a mi, y que prácticamente me educó es el Televisor. 


Desde que tengo uso de razón el televisor ha sido mi amigo y compañero fiel, ha sido él quién ha acompañado los acontecimientos y etapas más importantes de mi vida. Siempre recuerdo que lo primero que hacía después de llegar del Colegio, antes que cualquier cosa, incluso almorzar, era prender el televisor. En mi época de niñez recuerdo que en mi habitación había un viejo t.v de perilla a blanco y negro; pero a mi no me importaba, el siempre estaba allí cuando lo necesitaba. 
Aunque era incómodo a la hora de pasar canales por ejemplo, este aparato siempre estuvo allí para guiarme por la vida y enseñarme cosas que mis padres no estaban dispuestos a hacer, por falta de tiempo, o simplemente porque no les interesaba.

El segundo aparato tecnológico que cambió mi vida de manera drástica fue la consola de vídeo juegos Family Computer de Nintendo. En ella pasaba horas y horas jugando con personajes fantásticos y de fábula que me dejaban entender que puedo tener control de lo que sea sin necesidad de salir a la calle; aunque esto me trajo serios problemas de adicción a los vídeo juegos que aún perduran y seguirán perdurando hasta que me muera. 

Aunque para muchos de mis compañeros de estudio el CD es algo normal, para mi generación no lo es. Yo crecí haciendo grabaciones en la radio en Casete de cinta, quién no recuerda rebobinar aquellos cuadrados con el bolígrafo o lápiz de la casa. Pero después se dio ese paso gigante a la tecnología de CD que arrojaba un sonido de alta fidelidad y ningún problema para saltar de canción en canción, vaya cambio. Aquí en esta categoría también debo incluir los vinilos, aquellos románticos y grandes acetatos que cambiaron mi vida; me pasaba horas y horas escuchando los vinilos de salsa de mi padre, que aún conservo, en la rockola familiar. 

Pero ninguno de estos aparatos anteriormente mencionados acaparaba mi tiempo y mente tanto como el televisor. Cómo lo dije antes, el televisor era mi amigo fiel, mi niñera, despertador y compañero de juegos. Aunque igual tenía amigos y pasaba gran cantidad de tiempo en la calle jugando, siempre estaba pensando en volver a mi hogar para encender la t.v y sumergirme en esos mundos fantásticos que me acercaban a culturas diferentes. Gracias a la televisión, por ejemplo, tuve un gran acercamiento a las series americanas de los 80's como El auto fantástico, Alf, La niña maravilla, Los magníficos, Manimal. Estas series me abrieron la mente para pensar en otras maneras de ver el mundo y entender esa cultura mediática gringa, además me acercaron al idioma que ahora hablo a la perfección y llenaron mi mente de imaginarios colectivos que hasta ahora mantengo y refuerzo cada vez que puedo. Debo mucho de lo que soy a la televisión, a esa para muchos adicción a las series y a los programas de variedades, que por cierto nunca volvieron mis ojos cuadrados, como advertía mi madre.










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